En aquellos años no nos fueron ajenos la música ni los músicos. Entre los personajes del curso se contaron notables cultores de este antiguo arte. Resulta fácil escuchar y gustar de la música, pero sólo los valientes se atreven a crearla o ejecutarla. Enumeraremos a continuación las épicas historias de algunos de estos héroes.
Gonzalo “la Araña” Díaz, compilador, creador y ejecutor
Gonza comenzó de pequeño. Ya en la primaria, cuando aún no lo conocíamos, inició su labor como compilador con sus famosos y ya míticos “volúmenes”, meritoria colección que reunía lo más granado de la música de todas las épocas. Pero no le resultó fácil. De hecho y como diremos más adelante, las tareas que realizaba nunca fueron lechos de rosas. Era capaz de esperar días enteros con el oído pegado a su equipo hasta que pasaban el tema que previamente había solicitado por vía telefónica. Algunos
mentecatos atribuían esta circunstancia a que no tenía nada que hacer. Quienes anduvimos cerca preferimos destacar su pasión por las artes musicales. La colección resultaba de lo más ecléctica, observándose por ejemplo que en un mismo volumen convivían pacíficamente canciones tan disímiles como “Nacido en U. S. A.” de Bruce Springsteen y “La felicidad” de Palito Ortega. Con el tiempo se discutió cuántos volúmenes completaban la serie. Como los años tienden a agrandar las circunstancias de las nobles historias, llegó a hablarse de 127. Lo cierto es que no eran más de 26, lo cual no deja de significar una cifra considerable. Desgraciadamente nuestro amigo, que era por demás ahorrativo (sus detractores prefirieron llamarlo “laucha”), efectuó sus celestiales compilaciones en casetes de dudosa calidad (marcas ya extintas como “Summum” o “Continental”), lo cual hace que actualmente no puedan ser escuchadas debido al alto grado de deterioro de las cintas.
Prolífica fue a la vez su carrera como compositor y ejecutor. A sus tempranos estudios de Piano en el Conservatorio agregó más tarde Canto, Guitarra y Pandereta. Sus mayores virtudes fueron la versatilidad y el esfuerzo que dedicó a cada una de sus obras. Desde el frenético “Rock para mi chica”, junto a un notable Dieguito, a la balada romántica “Nena te quiero”. De la pasatista “Carlocha la bruta” a la contestataria “Balada pa’ los ingleses del mundo”. Podía crear un tango como el festejadísimo “Querido polinomio”, o un tema infantil como “Canción de la polillita”. No faltaron composiciones épicas como “La guerra nuclear” ni sicodélicas como “Mister Robot” y “Loco”. Son también recordados “Proteína testigo” y “Tema de los imbéciles”, este último con alto contenido social. No lo amedró el a veces injusto oprobio de sus detractores; tampoco alguna época nefasta. Siempre siguió adelante. Quizás su momento de mayor madurez haya sido alcanzado con el afamado grupo “Cefalea”, agrupación de músicos de envergadura que tuvo un notable recorrido por el circuito under de la ciudad: escuelas de dudosa reputación, teatros y boliches de mala muerte y peñas folclóricas organizadas por sujetos de baja calaña. La virtud de la banda consistía precisamente en interpretar sus obras en estos ambientes y ante públicos de avería, generalmente reacios a escuchar tan notables composiciones. Una de las más recordadas fue en el Colegio de Abogados, del cual el padre de Gonzalo era directivo. Se efectuó en el coqueto salón del primer piso. A pesar de estar completamente borrachos, los asistentes, todos letrados, no se mostraron agresivos sino indiferentes ante las sobradas muestras de maestría del grupo. Prefirieron seguir comiendo, tomando y hablando sandeces legales a prestar atención a las brillantes composiciones de Cefalea. De todas formas nuestro muchacho se alzó con el merecido reconocimiento sobre el final, cuando la banda interpretó una de sus obras cumbres, “Querido polinomio”, que fue recibida con beneplácito por los beodos abogados locales que los despidieron con voces de “hurra”.
Emiliano (a) “la Fiera” Carrera, el saxofonista de oro
Nuestro callado integrante de la barra eligió un instrumento hecho a su medida.
Luego de descollar en las clases de Flauta de la Guacha Fuerte, encaró con ímpetu sus estudios de Saxo con un profesor apodado “el Gato”, que según los sabiondos era su mejor ejecutante. Sus presentaciones siempre fueron un misterio; incluso se duda de que en realidad hayan existido. De todas formas tuvo oportunidad de demostrar su talento en el casamiento de Carlos, cuando munido de su instrumento, junto a Gonzalo en los teclados, interpretó celestialmente una versión del Ave María que conmocionó a los asistentes, incluso al padre Hugo que presidía la ceremonia. La muchachada y sus parejas dieron rienda suelta a la emoción, y hasta al gran Ricky Marengo se le piantó un lagrimón.
Increíblemente la Fiera, luego de esa estelar velada, se alejó de la ejecución del saxofón. Algunos quisieron ver en su actitud un acto clásico de haraganería y dejadez. No fue así: eligió retirarse en el pináculo de la gloria. Nada de lo que hiciera de allí en más superaría aquella presentación. Emiliano, enemigo de la mediocridad, decidió dejar en la memoria colectiva aquel acontecimiento único y brillante, ganando de esa forma su terrible e histórica batalla contra la decadencia. Con los años no volvió a usar el saxofón, y lo permutó por un lavarropas en el cual personalmente asea las prendas interiores de su mujer, volviendo a su vez a un viejo amor: “tocarse el rulo”.
Ricardo “Ricky” Marengo, el beatle marplatense y el oído absoluto
Marengo llevó a la cima la ejecución de los teclados. Comenzó temprano al igual que Gonzalo sus estudios en la materia, siendo siempre un alumno aventajado. Se sumó por largo tiempo al grupo estudiantil “Edipo”, el cual provocaba en las fiestitas del Illia que las niñas arrojaran sus precoces soutiens sobre el escenario. Resultaría inadecuado cualquier término para describir las muestras de histeria colectiva ante cada presentación de este conjunto, liderado por Pepe Esaín.
Con los años, y cansado de la gloria fácil, como Sting cuando desarmó The Police, decidió arremeter por nuevos caminos y formó “Los Kiwis”, de quienes no existen registros comprobables aunque la leyenda indique que llegaron a grabar un compact disc recibido con indiferencia por las compañías. Ricky, que no era de amedrentarse, siguió adelante y recobró su fama. Actualmente sigue brindando recitales junto a algunos compañeros de “Edipo” y su sucesor “La Monja” en distintos pubs locales, emocionando a los amigos que concurren a presenciarlos.
Con el tiempo pudo develarse el misterio que rodeó su tremenda habilidad. Sucede que junto a gran Charly García son los únicos argentinos con el don del “oído absoluto”. No existen explicaciones científicas sobre esta extraña cualidad de la cual solía jactarse, pero dada su brillantez, algo de cierto deberá tener.
Diego “el Vago” Rindel, el hombre y el triángulo
Sin pretender emular al gran Hemingway con su El viejo y el mar, no puede pasarse por alto la increíble historia del Vaguito y su afinidad con el triángulo.
Nuestro amigo no representaba en absoluto la imagen del artista. Era persona afecta a las emociones fuertes. Se recuerdan su pasión por las artes marciales (de las cuales llegó a ser gran cultor), su preferencia por las muchachitas reas (como su romance con una tal Viocky) y su espíritu rebelde en el ámbito colegial, con aventuras que son contadas a las nuevas generaciones. Pero son misteriosos los caminos que a veces toma la razón: el Vago resultó ser un músico notable.
Durante el primer año del secundario nunca supimos de tal circunstancia. Sucede que como era humilde prefirió callar su habilidad. La revelación surgiría fatalmente en segundo. En cierta anodina clase de Literatura, ingresó al curso una preceptora para solicitar que aquellos que fueran integrantes del grupo musical se dirigieran al gimnasio a ensayar para una futura presentación. El Vago se levantó, ante lo cual pensamos que sería para ir al baño o decir alguna grosería en voz alta; pero no: ante la sorpresa generalizada, nuestro cid formaba parte del conjunto tocando el triángulo. Algunos mentecatos, dada la aparente simpleza para ejecutarlo, consideraron la actitud como una chantada para rajarse de algunas horas de Matemática y Geografía. Quienes lo conocimos sabemos que no fue así. Como primer argumento a su favor, diremos que el triángulo no resulta ser de tan sencilla interpretación como parece. Hay que tener un talento grande para ejecutar el “plin” en el momento exacto. Ni que decir de los dobles “plin”. Como segunda circunstancia debemos describir la grandilocuencia de sus presentaciones. Con su humilde instrumento solía descollar del resto. El propio Orfeo, que dormía con su lira a los leones, hubiera estado celoso de los maravillosos “plin” y dobles “plin” que lograba. Incluso indica la leyenda que cierta vez llegó a ejecutar el llamado imposible “triple plin”. Sus detractores también mencionan como signo de su chantunería el gesto risueño que habitualmente mostraba, enarbolando como prueba irrefutable una foto en la cual se lo ve guiñándole el ojo a sus amigos ubicados entre el público. Nada más falso. Los que fuimos testigos e integrantes de aquella barra que le dirigía su admiración supimos la verdad. La expresión no era de risa sino de una felicidad recatada por las bellas notas que podía elaborar. Se comenta que en esos momentos Dios mismo reía junto a él. Y en cuanto al guiño, si bien es cierto que existió, son falsas las motivaciones que intentan asignársele. El maestro lo hacía para que no irrumpiéramos con vítores personales hacia él, y sólo nos despacháramos, si lo deseábamos, con un aplauso para toda la banda. Así de humildes y grandiosas eran sus actitudes.
Vanos fueron los intentos para dilucidar el origen de tal pericia. Se barajaron varias hipótesis. Las corrientes cristianas propugnaron la del don divino. Los heresiarcas la de un demonio borracho de segundo orden que había fallado en su intento para dejarlo sordo al nacer, generando en cambio una increíble capacidad para tocar el triángulo. Los astrólogos dijeron que al momento de su concepción un cometa pasaba justo por el lugar. Los deterministas, que su habilidad se hallaba escrita desde el inicio. Otros directamente mencionaron un pacto con el demonio, por el cual había vendido su alma a Lucifer a cambio de poder ejecutar un instrumento musical. Nosotros preferimos no buscar razones a su virtud, sino disfrutar de su arte y de su hermosa amistad.
miércoles, 8 de octubre de 2008
LA MÚSICA EN EL ILLIA (5º 1ª)
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