Hoy comenzamos esta nueva sección llamada "Espíritu Illia" .
Les pedimos a algunos compañeros que nos cuenten ahora a la distancia qué piensan que les dejó el colegio (bueno o malo) y en qué creen que influyó en sus vidas.
Los invitamos a participar opinando por medio de los comentarios o escribiendo algún texto y enviándolo a illiaegresados89@hotmail.com.
El Illia me dejó muchas cosas, muchos recuerdos, y un par de cicatrices...
- Me dio una pasión: la fotografía, que fue mi trabajo por años.
- Me acercó a un conocimiento que hoy uso a diario, gracias al prof. Acosta por las charlas de aerodinámica!
- Me enseñó muchas formas de ahorrar plata: encuadernación, marroquinería, carpintería, esas materias que a tantos parecían al cohete.
- Me dio una sorpresa... siempre le esquivé al inglés pero me enseñaron a pensar en inglés y hoy lo uso todos los días.
- Me creó un vicio: la vida al aire libre y todos los lindos recuerdos que me vienen a la mente cada vez que voy de campamento.
- Me brindó más amigos de los que esperaba, no solo entre los compañeros sino también entre preceptores y profesores.
- No todo son rosas tampoco, me dejó una marca de por vida en mi cadera gracias a la incompetencia de ciertos profesores de gimnasia... pero como dicen los muchachos del Norte: "lo que no mata te hace más fuerte" y créanme que en este caso fue así.
- Pero más allá de todo, me dejó un orgullo: el de haber visto nacer el colegio que a todos nos unió, todos fuimos los conejillos de indias de ese experimento descabellado llamado Colegio Nacional Dr. Arturo Umberto Illia, pero creo que al final el experimento salió bastante bien ¿o no?
Roberto Vañecek
Acá estoy, tratando de contestar a la pregunta de María y esperando que lo que escriba no se parezca demasiado a un texto científico, pero bueno, vamos a ver si la memoria le gana a la costumbre. Entonces, que me dejó el Illia?
Seguramente todos recuerdan el ingreso al colegio. Es que la experiencia en el Illia comenzaba incluso antes de ocupar sus aulas. Me acuerdo de los exámenes de ingreso, de los nervios en las aulas de la escuela 6, de la mamá de Loli enseñándonos historia. Y los diálogos con la familia…Así supe que “haber entrado al Illia” era un privilegio y era también un orgullo para mis padres. La libertad con la que podíamos manejarnos en el colegio fue para mí una de las primeras sorpresas. El portón de la calle Funes siempre abierto me parecía muy extraño. También me acuerdo de la desilusión de “la mudanza” a J.B. Justo….Aunque duró poco. Quizás fue por costumbre, pero pronto el edificio no me pareció ni siquiera feo….Cuando estuve en Mar del Plata la última vez, pasé por la puerta y no podía creer que esa estructura desvencijada, puro aluminio y vidrio de colores desparejos, había sido mi colegio por tanto tiempo. Tenía el Illia una especie de personalidad despreocupada, era una escuela en la que no importaban las estructuras, pero sí los contenidos. Hay vivencias que se desdibujan cuando pasan los años, a veces sólo quedan los resultados. Los años en el colegio pasaron muy rápido, tanto que no era consciente de la preparación que recibía, que fue evidente al comenzar a estudiar una carrera. Si bien me acuerdo de la exigencia de algunos profesores (el terror que tenía a las lecciones orales de Agüero creo que todavía me persigue), no me quedó en la memoria una sensación de presión. Si tenía la impresión de una especie de “cuidado exagerado”, como veía en ese entonces a la existencia de los profesores consejeros.
El colegio me preparó bien para lo que vendría, me dio una buena formación académica y me dio también herramientas para manejarme en la vida. Esa libertad moderada que teníamos nos dejaba tomar decisiones y eso fue parte de nuestra preparación también.
Pero sin dudas lo mejor que me dejó el colegio son mis amigas. Mis amigas son, aún a miles de kilómetros, las tías de mis hijos. Con ellas recuerdo los momentos más felices y divertidos de esos años, y me acompañan y apoyan cuando las cosas no van bien. Con ellas comparto mi vida como compartí esos años de adolescencia. Sin el Illia no hubieran existido “las ídolas” ni “la mesa tecno”, ni las caricaturas, o nuestras risas en las clases de teatro (y en las clases de Gibbs.). El colegio marcó mi vida, fueron años importantes, cómo dudarlo -de los 13 a los 17- estábamos formándonos como personas y con la sensibilidad a flor de piel.
Gracias María y Mariano por esta idea, la experiencia en el colegio no será la misma para todos, pero seguramente este proyecto de ustedes, este blog, les traerá a muchos -como a mí- la emoción de encontrar a compañeros de los que supe poco o nada durante estos años, la risa y la nostalgia que me da volver a revivir tantas anécdotas y las ganas que tengo de volver a verlos.
Gabriela Pagnussat







