Uffff….María, qué me dejó el Illia??? Si tengo que ser sincero me dejó cosas buenas y cosas malas. La verdad que muchas veces la pasé mal, cargué con el estigma de odiar educación física: no me gustaba nada, ni jugar al basket, ni al volley, ni al handball y mucho menos al football. Era un queso en todo e ir a esas malditas clases hasta los sábados me resultaba deprimente. Consecuencias: rótulo de PUTO porque no jugaba bien a nada, porque me decían cualquiera y bajaba la mirada al piso en vez de contestar. Las cargadas que me comía de parte de Mariano y Sebastián eran insoportables. Pero más insoportable era la risa que esas cargadas les producían a los demás. Irónicamente, gracias a ellos aprendí mas adelante a enfrentar realidades, después de todo no se equivocaron…me tocó ser el GAY del curso, que digo del curso, de las cuatro divisiones (aunque en ese momento, aunque usted no lo crea, yo aún no lo sabía). Pero tuve exclusividad, al menos eso creo. Durante un tiempo borré al Illia por completo, porque las malas experiencias no me dejaban ver las buenas…Con los años, me reencontré con algunas personas y me di cuenta que no había sido tan malo. Había sido una etapa, cruel en cierto sentido, pero justificable en otros, porque éramos todos pendejos adolescentes, y quién no es cruel en mayor o menor grado cuando se es adolescente…El colegio me dejó, por otro lado, cosas buenas…pero no voy a decir que soy la persona que soy gracias al Illia. El Illia me dio una buena base, me preparó para que no fuese tan ajeno a la universidad, etc, etc. Las mejores cosas de la vida las aprendí después, y si tengo que ser sincero, ese flaquito boludón que fui durante la secundaria dejó de existir poco después de diciembre del ’89. Se esfumó. Se recicló. Se quitó la etiqueta de boludón y siguió adelante.
Probablemente yo no ocupe gran parte de la memoria de nadie salvo algunos como Vanesa, Jorgelina o Daniela. Y está bien. Me gustaría haber conocido a muchos mejor, y la verdad que con este blog lo estoy haciendo, desde mi casa, frente a mi compu, algo es algo. Ojalá alguien me pueda conocer también. Y ojalá algún día me pueda sentar a tomar un café con Mariano, Sebastián o quien sea y nos podamos cagar de risa de aquellas soberanas cargadas. No soy para nada peligroso (en caso de que haya algún o alguna mal pensado/a). Por lo pronto, solo les puedo decir: Hola, soy Mario, 36 años, buena onda, profesor y escritor amateur…un gusto saber de todos ustedes. Nos vemos en unos meses.
Mario Antenucci























