Disculpen que no haya escrito antes, pero tuve varios despelotes de trabajo. Como les había anticipado, la empresa para la cual trabajo se la van a comprar unos yankies. Y me parece que voy a estar entre los primeros en “sonar” (ojalá que me equivoque). Por eso en las ultimas semanas tuve varias entrevistas de trabajo y hace un par de días renuncié a mi puesto. Espero que todo sea para mejor, pero se imaginan los líos que tuve.
Bueno, pasando al blog, finalmente veo que 5º 3º se despertó. Con todos nuestros lindos recuerdos, pero también con recuerdos de cargadas, bromas pesadas, antipatías, angustias, jodas divertidas para algunos y crueldades cotidianas para otros. Por algo se llama adolescencia. Tal vez este sea el momento para muchos de ponerse en paz con el pasado.
Cada uno vivió el Illia y la adolescencia a su manera. Algunos maduran antes que otros y tal vez eso es lo que crea mas problemas, además de las diferencias de carácter que están a la base. Pero, en general, el respeto por el vecino es algo que a los 17/18 todavía no está del todo asimilado.
Creo que hoy nadie tendría ni las ganas de pintarrajear paredes, sobre todo después de un día de laburo, agarrar los pinceles se hace pesado. Pero en aquel momento a algunos les resultó gracioso. La gente cambia y va creciendo. No a todos, pero a muchos se les puede dar otra oportunidad (amenazas telefónicas aparte).
Tampoco creo que a nadie se le ocurra hoy en día hacer chistes sobre la homosexualidad de Mario, es algo que le debe causar gracia a muy pocos a esta altura. Sobre todo ahora que Bs. As. fue declarada ciudad “gay friendly” y que es la meta gay en Sudamérica para todos los turistas que vienen a dejar euros y dólares. Mario: no creo que hayas tenido la exclusiva, como vos decís, pero tal vez no todos tengan un carácter fuerte como vos ahora para poder declararlo. En aquella época eras tan tímido que la verdad es que no recuerdo haberte escuchado decir ni una palabra en 5 años. Me alegro que ahora nos podamos conocer.
Y para todos los demás siempre había alguna cargadita para inventarse: los granitos, los rollitos, si eras bajo, flaco, gordo, demasiado alto, con pocas tetas, con muchas tetas, mucha moda, poca moda, linda cola, fea cola, la nariz, las orejas, traga, trabado o con anteojos. Seguro que algo nos encontraban / encontrábamos para jodernos.
Personalmente, si hoy yo pudiera volver al pasado y encontrarme con el Nicolás que fui, trataría de convencerme a tomarme la vida mas en joda. Las cosas no son tan importantes como uno cree. Un día se te va a acabar la vida y sería bueno por lo menos haberse divertido.
Lo que el Illia me dejó: la utopía del Grito Sagrado
Cuando me pongo a pensar en el Illia, todo se confunde. Pasaron demasiados años. Las jodas se van olvidando y lo que me queda es una gran melancolía por esa etapa de la vida libre de preocupaciones y llena de esperanzas.
El Illia, como también mi escuela primaria, me dejó algunas buenas amistades que aún hoy considero tales.
Para mi el Illia fue la Argentina misma. En febrero del 90 me fui a vivir (me vine a vivir) a Italia. Asi que todo lo que recuerdo de Argentina tiene que ver con esos maravillosos primeros 18 años de mi vida, de los cuales los más importantes los pasé en el Illia.
La Libertad con la que vivíamos las lecciones, las tardes pasadas en el colegio haciendo algún taller, los campamentos, las fiestas. Los profesores que no querían que se estudiara de memoria. Las cosas había que entenderlas!. En la universidad (italiana) me encontré con el mundo del revés. Todos los conceptos de memoria y les importaba un bledo si habías entendido o no.
Éramos 550 estudiantes en un aula que parecía el Auditorium. El profesor con micrófono explicaba: el curso es intensivo, dura 4 meses, al final van a tener que rendir un examen escrito y los mejores 20 en el escrito pasan a dar el examen oral.
Uno preguntó: como los mejores 20? Y el que superó el escrito pero no está entre los 20 primeros?
Y el Prof: yo tengo tiempo solamente para 20 exámenes orales cada mes. Todos los demás repiten el escrito el mes siguiente. Así, de paso, a nadie se le va a ocurrir copiar o dejar copiar.
Así es la vida real: hay un puesto de trabajo, si lo ganás vos hay muchos otros que se quedan sin.
De 550 que éramos en primero, fuimos 250 en segundo, 100 en tercero, 30 en cuarto, 20 en quinto. Recibidos en total en mi curso unos 50. Yo fui uno de los últimos, a 10 años de haber empezado. Me tuve que romper el c--- estudiando y el 90% de lo que aprendí no me sirvió para nada.
En cambio en el Illia nunca estudié nada pero las cosas las sabía. Me alcanzaba con lo que explicaban en clase. (Salvo en música que para mí siempre fue como leer en árabe o un daltónico estudiando pintura!... ). Además a los profes les decíamos que no nos dieran mucho para hacer en casa o para estudiar porque teníamos todas las tardes ocupadas con los talleres en el colegio, se acuerdan? Qué vagos!
El Illia me dejó la utopía de pensar que la curiosidad y la pasión por un tema valen más que saberlo de memoria, que un estudiante está en la clase porque así lo decide él mismo, que lo importante no es ganar sino participar. Ja... como decía Mafalda... parece que si no nos apuramos a cambiar el mundo, es el mundo que termina cambiándonos a nosotros.
En fin... en el Illia lo pasé bien, o por lo menos así me lo quiero recordar. No entiendo como fue que recibimos una educación o formación de primera categoría, si al final nadie estudiaba demasiado (que yo me acuerde).
Tal vez se explique con esa frase “lo esencial es invisible a los ojos” del Principito.
O como dijo el abogado-filosofo Mariano (no me extraña que lo haya tenido que leer tres veces para entenderlo): “lo fundamental, en su aporte es una sustracción”. Lo que faltaba, lo que no había, lo que no teníamos: Miedo.
Si teníamos Libertad, ese Grito Sagrado que todavía sigo buscando y que nunca más encontré. Porque afuera del Illia se acabó la utopía...
Nicolás Mosca.