Edipo,
Por José Esain
“Que sea rock!
Que sea rock!”
(Norberto Pappo Napolitano)
Fuimos muchas cosas los que pasamos por el Illia, pero además de todo lo expresado en este sitio tan magníficamente pergeñado por la Portillo´s family, también fuimos rock. Lo escuchábamos, es verdad. Esto quedó relatado por el nómade Amerio, en esa atrevida intervención de hace meses. Pero además, muchos de los que pasamos por el Colegio de J.B. Justo casi Córdoba hicimos rock o participamos de los recitales. En estos pobres párrafos voy a intentar describir el proceso.
Si hay que buscar antecedentes de nuestro diferentes grupos musicales, un buen punto de partida es recodar aquella mítica reunión en el aula magna de exactas en el primer aniversario de fin de curso, en el que tocaron los que luego serían Los Kiwis, que terminarían siendo compañeros de Ricky Marengo. Recuerdo que ese día tocaron una serie de canciones de Los Beatles, y terminaron siendo un embrión de un proyecto que intentarían luego Etchegeray, Gonzalo Díaz, el mismo Marengo y Amerio.
Pero si tenemos que recordar el primer grupo musical del Illía, sería interesante saber cómo fue que se determinó su nacimiento. Teníamos 15 años recién cumplidos. Estábamos en el comienzo del 4to año (lo recuerdo porque la guitarra eléctrica fue el regalo de 15). El colegio tenía un grupo oficial música a cargo de Jorge Estrada, quien hoy hace de las suyas con los Papel Nonos –comentarios al márgen-. Del mismo participaba la academia del Cole es decir “aquellos que ya sabían tocar algún instrumento”. El grupo (del que por supuesto nunca formé parte porque nunca formé parte de esa academia) comenzó en determinado momento a incluir en su repertorio temas de rock: Beatles, Stones, etc. lo que dicen algunos documentos apócrifos, cayó mal en las más rancias docentes de música (¡todos sabemos de quienes hablamos!). Se armó lío, y con esto Estrada y su trouppe pasaron a mejor vida.
El problema es que ese conjunto musical era el representante del Colegio en las jornadas de Arte Joven que se hacían en el auditórium. Allí cada institución educativa presentaba proyectos propios. El Illia estaba en crisis. Otra vez sin música. Así fue que se acercó Cecilia García e indujo a Etchegaray, Marengo, Amerio y les pidió que tomaran las riendas y formaran un grupo musical para salvar la ocasión. Recuerdo también que estos irrespetuosos y caradurezcos muchachos se aparecieron en mi curso en un recreo para incorporarme a la banda, no por mis dotes musicales sino porque ellos tenían sólo dos o tres canciones y yo lo único que hacía era componer. Es por eso que vinieron a verme muy a pesar de que yo por ese entonces apenas si podía tocar dos tonos y sin cejilla. Yo era más caradura aún, porque me atreví a formar parte de la banda. Siempre estaba a un costado, con un rol ni secundario, terciario diría. Las fotos lo prueban. Tocaba dos acordes de porquería, que era lo único que podía hacer, mientras los guachos utilizaban mis canciones. Ese era el trato. Ojo, las canciones eran otro desastre, pero de todos modos servían para tocar algo. Ah, porque un detalle a considerar es que el grupo que representara al colegio en Arte Joven no podía hacer covers, sino arte propio. Esta es la verdad de cómo y porqué nos juntamos. Faltaba definir un integrante: la batería.
Nadie de nuestro año le daba a los parches. Rápidamente surgió el nombre de Nacho, pero -el por esos años punk - tenía una leve intención al respecto pero sin instrumento. Quince años después Mouriño, secundado por el Hormiga y Maguila, despuntaría en el vicio en la banda de culto PSD (Pisando Soretes Descalzo) la que nunca llegó a superar los ensayos, que por cierto eran celebrados en los sótanos de la disquería de Mariano Portillo, Mr. Bungle en pleno centro. Pero volvamos al tema de la batería; no sólo necesitábamos un tipo con intención, sino que tenía que tener la batería (pequeño detalle). Marengo trajo el dato de que en uno de los cursos (segundo o primero) había un muchacho que se defendía y tenía bata. Era el hijo de Julio Lagos, conductor de TV y radio, famoso en la década del 80. Lo convocamos y así quedó definido el personal: Adrián Amerio en primer guitarra y voz; Ricardo Marengo en teclados; Rodrigo Etchegaray en bajo y voz (no teníamos nadie que tomara el puesto más ingrato de todos y a Rodrigo le tocaron las cuatro cuerdas); Juan Lagos en Batería; y yo José Esain en segunda guitarra. El nombre se definió por el método más utilizado por esa época: sorteo de papelitos. Así nacía Edipo.
Ensayamos como pudimos y tocamos en el salón de entrada del auditórium un repertorio que incluyó temas propios: el que luego sería el primer hit: La noche, acompañado por otras piezas incunables de la época como el rockanroll Yo solo quiero escaparme de esta ciudad, y otros temas de Etchegaray y Amerio (She was), y algunos covers como Ojo de tigre de la película Rocky. Las fotos que pasamos son de esta presentación. El luckete de la banda es notable!!!!
Los estilos de los cantantes eran bastantes dispares: mientras Amerio tenía una voz estilo Robert Smith (The Cure), Etchegaray, era una mezcla entre Miguel Mateos y Bon Jovi luego de la fiebre hemorrágica; un colage llamativo. Entre los covers de esta formación recuerdo (por la fuerza porque se nos terminaron los temas y nos pedían otra) hacíamos Eyes of tiger (la de Rocky) y la cortina de
La noche fue luego el único corte de difusión. El demo, grabado en el estudio de los Moscosqui, gente de mucho equipamiento y muy pocas ideas musicales, fue una desprolijidad sin comparación (las guitarras no estaban afinadas entre sí ni con el teclado, jajaja un desastre).
Además, nunca entendí cómo se nos ocurrió pretender que el hit sería un tema como
La noche
Inertes como juguetes
enfermo y muy asustado
sonidos de una matanza
ojo triste envenenado
Ya es demasiado tarde
La oscuridad cubre tu rostro
La luna se mece en el agua
Tu cara en un espejo roto.
Escupo sangre a una espiga
La luz de la luna en mi cara
Yo sé que es el fin de mi vida
Comienza la noche



